Inmigración alemana a Argentina (Parte I)

La historia se remonta al año 1762, año en que Ekaterina Alekseyevn, más conocida como Catalina II “La Grande” reina como Emperatriz de Rusia desde el 28 de Junio de 1762 hasta la fecha de su muerte, el 17 de Noviembre de 1796. Nació en Pomerania, región báltica que, luego del Tratado de Paz de Westfalia (1648) fue dividida entre Brandeburgo (Alemania) y Suecia.

El 22 de Julio de 1763, publica un estatuto que reivindica la posibilidad a los extranjeros a poblar las tierras de Rusia, asegurando franquicias tributarias y la exención al servicio militar.

A partir de entonces, un grupo de alemanes arriban a las tierras de la región del Volga, región sur europea de Rusia y alrededores de Sarátov. Todos ellos, provenientes de Hesse, Renania-Palatinado, Baden-Wurtenberg y Baviera, los cuales se reunieron previamente en Büdingen, Oberhessen, para emprender su próximo destino.

 Fue en 1764 que fundaron la primera aldea, Dobrinka, en la cual llegaron alrededor de 30.000 habitantes en los primeros cinco años luego de su fundación. Al sector este del Bajo Volga se lo llamó Bergseite (lado montañoso) y, al sector oeste, Wiesenseite (lado llano), nombres que adjudicaron las colonias posteriormente. La ciudad de Sarátov (Саратов) fue designada capital de la primera y, de la segunda, a Samara (Сама́ра).

La inmigración de alemanes se mantuvo durante un siglo, ocupando también tierras de Odesa (Одеса), lugar en que se permitió colonizar especialmente a alemanes a través de la decisión del Zar Alejandro I de Rusia, nieto de la mismísima Catalina. A este último grupo de alemanes se los llamó Alemanes del Mar Negro (Schwarzmeerdeutsche), quienes emigraron desde su país en los Siglos XVIII y XIX.

El territorio en la cual llegaron los alemanes a la costa Norte del Mar Negro, especialmente en el sur de Ucrania, era parte del Imperio Ruso y de la península de Crimea, ganado por Catalina La Grande luego de sus dos guerras con el Imperio Otomano (1768-1774) y de la anexión del Kanato de Crimea (1783). Estas áreas se unieron paulatinamente a la de los alemanes del Volga.

Los principales inmigrantes alemanes que se dieron en la zona norte del mar negro, fueron los menonitas, descendientes directos del movimiento anabaptista del Siglo XVI.

Las profesiones y actividades que realizaban los alemanes de la zona del Volga eran varias, en su mayoría se dedicaban a la agricultura. Su nueva vida, luego de padecer numerosas guerras entre ducados como la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la Guerra de los Siete Años (1755-1763). Es por ello que, la mismísima alemana Catalina invita a sus compatriotas a colonizar las tierras sobra las que ella tenía a través de edictos, prometiéndoles buenas condiciones y calidad de vida. La única condición, era su religión, debían de ser cristianos para poder inmigrar. Podían hablar y mantener su idioma natal, instalar escuelas propias y dirigir su propia administración a través de estatutos propios.

Al llegar al Volga, los alemanes fueron obligados a trabajar las tierras y pocos pudieron ejercer sus habituales profesiones. El impedimento de salir de ese territorio, dado por su promesa ante su majestad imperial, debieron continuar sus vidas dedicadas plenamente al trabajo, manteniéndose así a varias generaciones para poder permitirles a sus descendientes hacer valer sus propios derechos. Esto llevó a tener una vida privada de ocio y de jornadas laborales limitadas, a excepción de los ritos religiosos que eran festejados por toda la comunidad.

Un Siglo más tarde, ya con áreas de trabajo que abarcaban casi toda Suiza, los Alemanes del Volga se hicieron valer por su trabajo. Las familias con alto nivel económico enviaban a sus hijos a universidades alemanas, prohibiéndoles su regreso a Rusia para ver a sus padres, evitando así que tomen contacto con sus familiares directos, ya que no querían ver a sus hijos llevando su misma vida.

Las colonias y ciudades fueron creciendo a medida que fueron afianzándose los gobiernos y políticas de trabajo de sus colonos. La alta tasa de natalidad y la continua inmigración hicieron que la región multiplicara su población entre los años 1838 y 1880, haciendo que sean 583 las aldeas fundadas por alemanes.

Los Alemanes del Volga mantuvieron su legado antropológico y cultural de los ancestros. Los matrimonios debían de ser entre alemanes de la misma colonia.

En el año 1864 comenzaron los días grises para la economía y las políticas instauradas por Catalina. Ya en 1872, muchas familias decidieron emigrar hacia América, eligiendo como principales destinos a Canadá y Estados Unidos, por parte de los religiosos evangélicos y los católicos, a Brasil, Uruguay y Argentina.

Con la llegada del comunismo soviético,  varios alemanes que aún se encontraban en Rusia fueron perseguidos y, en su gran mayoría, deportados a Gulags (sistema que albergaba a criminales, prisioneros políticos y como mecanismo de represión a quienes se opusieran a la política de Estado) y a Campos de Concentración ubicados en Siberia, la Trudarmee, lugar donde se practicaba el exterminio de personas.

Texto: Rodrigo Ezequiel Stoessel
Fuente: Bibliografías varias

About these ads

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

%d personas les gusta esto: